En dos semanas nuestro mundo se ha vuelto del revés, nuestras vidas han cambiado y todos nosotros ya nunca volveremos a ser los mismos. Puede que peores, puede que mejores, pero iguales sería imposible.

Las diferentes maneras de ser nos llevan a que algunas personas vivan el día a día mientras otras no puedan dejar de pensar qué pasará mañana. ¿Retomaremos los abrazos y esas muestras de cariño que caracterizan nuestra sociedad? ¿Mejorarán los hábitos fuera de casa?

Y sin ir más lejos, ¿volverán aquellos días en que comíamos de la misma tapa, nos probábamos ropa en las tiendas o tocábamos sin miedo artilugios callejeros? ¿Volverán?

Todos estamos dentro de casa, pero no todos en la misma situación.

Los que tenemos hijos pequeños estamos volcados en que no se aburran, disimulando un miedo atroz a que sus vidas cambien, que esto no les afecte y sigan siendo los mismos niños felices que eran antes. Ideando actividades infinitas, la mayoría con un éxito de duración de 2 a 4 minutos; deporte, baile, gimnasia, tareas del cole, repostería en familia… “Solo son unas semanas, todo controlado”. Hasta que uno de ellos se pone a llorar por que se le ha caído un muñeco al suelo; llora y llora y no sabes qué hacer, la situación te resulta familiar pero ahora es diferente.

Solo tiene tres años, me digo, no se entera de lo que está pasando. Pero sí se entera, sí. Su pequeño mundo también se ha vuelto del revés. Ya no hay clase, ya no hay parque, ya no hay meriendas en casa de los abuelos. Ahora hacen gimnasia delante de la tele, tareas del cole con papá y mamá y magdalenas caseras por la tarde. Siguen riendo, soñando y madrugando, pero ahora pasan lista en casa, comen sin bandeja y se disfrazan a todas horas. Sí, se disfrazan, porque a todos nos gusta imaginar que somos alguien especial, que podemos volar y que todo lo que tocamos se convierte en hielo.

Queremos que sigan rebozándose por el barro del parque, corran sin parar y compartan galletas con sus amigas. Que sean capaces de volver a sus rutinas y no tengan miedo de besar a los que más quieren.

Todos estamos dentro de casa, pero no todos en la misma situación.

En estos momentos tan difíciles, hemos aprendido a comunicarnos por otras vías con nuestros amigos y familia. ¡Que levante la mano el que tenga al menos una videollamada al día! Necesitamos saber cómo están y en qué emplean sus horas infinitas. Que nos cuenten sus días, sus lloros, sus alegrías, sus anécdotas, sus éxitos.

Los que viven solos tienen la necesidad de compartir sus sentimientos con los demás, han ampliado los datos del wifi para poder hacer videollamadas a tutiplén, hablar con familiares, reírse un rato con amigos o echarse unos bailes con compañeros de trabajo. Estamos programados para tener contacto con nuestro entorno y poder socializar con la gente que nos rodea, en definitiva, sentirnos queridos y escuchados.

Hacen yoga y clases de zumba online y lo dan todo en las redes, bueno en las redes o como hace mi abuela política, que también vive sola, al teléfono.

Todos estamos dentro de casa, pero no todos en la misma situación.

Para los que viven en pareja ha llegado el momento de ordenar: Los armarios de casa, la ropa de los 90 que tanto nos cuesta donar o los papeles que llevaban años amontonados. Nunca es tarde para clasificar los certificados de empadronamiento, las notas de la universidad o las radiografías de la boca.

Han contratado la plataforma digital que les faltaba para tener todas las opciones de series del mundo mundial y también hacen yoga, porque sin yoga este encierro no tiene sentido.

Todos estamos dentro de casa, pero no todos en la misma situación.

Por supuesto hay más categorías para analizar, pero solo hay una que haya pasado por una situación colectiva peor que la que estamos viviendo ahora. Porque cuántas veces hemos escuchado: “Si hubieras pasado una guerra…” ¡Y qué gran verdad! Ahora todos les entendemos.

Nuestros abuelos han recordado durante mucho tiempo esos años de horror y, salvando las distancias, nosotros recordaremos esto toda la vida.

En Pepita limón nos repetimos día a día que #todoirábien. El verano llegará y nuestros peques volverán a ser los más guapos de la calle, la playa, el campo y cualquier lugar a donde decidan gritar, todos juntos… ¡Lo hemos conseguido!.