Anécdotas para recordar


Si no estoy en casa que llamen a mi madre. ¡No! Mejor a mi prima. ¡No! Paqui!!!!!!!! ¿¿¿Vas a estar en casa??? Es mi vecina, es que los chicos que vienen ya saben que hay confianza y nos dejamos los paquetes por el edificio.


En cualquier empresa sea grande o pequeñita, según va pasando el tiempo, se va llenando una mochila de cositas curiosas que se convierten en el día a día de tu trabajo.


Hace tiempo estábamos en un market en Valencia, ¡Cómo nos gustaba y cuantas cosas podríamos contar de estos fines de semana! El caso es que se acercaron tres señoras muy bien puestas y una le compró unos conjuntitos de regalo para los nietos de otra y, a la vez que pagaba, le dice a su amiga, “ya siento que el regalo haya tenido que ser de mercadillo”. Mi cara, un poema, ¡claro! Y le respondí, “señora, esto es un market y ahora es lo más para comprar regalos”.


Hacer bizum también es otro mundo, parece fácil, pero no todos tenemos y a veces, pedir el favor a alguien para que te haga el pago en ese mismo instante se convierte en la búsqueda del tesoro. Ahora te paga mi marido, no lo localizo, es que a mí me lo han bloqueado, llamo a mi madre y en un segundo te llega, espera. Paqui!!!!! Benditas vecinas, que haríamos sin ellas.
Otro mundo del que podríamos hablar horas es de las empresas de transporte y los líos que hacen. Sabemos que es por la rapidez con la que trabajan, pero es que a veces llegamos antes a Almería andando que nuestros paquetes. Hola, no me ha llegado mi pedido. ¿No? Espera que lo miro. Lo tiene Manolo, ¿Quién, el del bar de la esquina?


Tengo este trozo de tela, ¿me puedes hacer un bombacho? No, lo siento, solo hacemos prendas con nuestras telas, ¿de verdad? ¿Y vais a desaprovechar esta oportunidad? De este tipo, todos los días. O, una talla más que mi hijo es muy grande para su edad, se sale de las gráficas. No me río de las mamis que piensan esto, porque me incluyo, jajajaja.
La verdad que tenemos mucha suerte con la comunidad que estamos creando y casi la totalidad de las ventas se hacen sin incidencias, con armonía y con un entendimiento muy bonito entre nosotras y las clientas.
En tres años, solamente hemos tenido dos casos de morosillas que, en el momento de estar a punto de avisar al pingüino del frac ese, terminaron pagando o devolviendo los productos en uno de los casos. Males menores pensamos.


En una ocasión, en otro Market, y es que, si digo que los mercadillos dan para mucho, llegó una chica y nos preguntó un precio, 24 € le comentamos, y nos dice, ¡5 €! Nos entró la risa, no por el regateo que muchas personas piden, aunque no se haga, sino porque casi nos dice, ¡gratis!


Y es que la curiosidad es el impulso humano que oscila entre lo grosero y lo sublime. Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.


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