Cómo nació Pepita Limón

Cómo nació Pepita Limón

Os quería contar nuestra historia, le he dado mil vueltas a cómo podía transmitiros lo que significa Pepita Limón y al final todo me lleva al mismo sitio. Os voy a hablar de mi madre.

Allá por los años 80, yo era una niña de leotardos, capota y vestidito, con nido de abeja y cubre pañal a juego. Recuerdo el ruido de la máquina de coser en casa y la frase, “venga que te pruebo”. Para cosas más complicadas visitábamos a una señora llena de hilos, una artista que cuando te cogía las medidas con el alfiler en la boca te decía, “que mona va esta niña siempre”, bueno y “no te muevas tanto por dios”. Cuando terminábamos nos regalaba un terrón de azúcar, ahora alucino cada vez que lo recuerdo.

 A mi madre no le faltaba gusto para vestirnos, siempre impecables, con ropita sencilla y zapatos de bailarina. Dos trenzas tiesas que terminaban en lazos perfectamente colocados y mucha, mucha colonia. Ni un pelo se me movía. De esto me acuerdo porque ahora cada vez que peino a mis hijos por la mañana y veo los churros que les hago, la admiro todavía más.

Llegó el momento de mi primera comunión y soñaba con llevar un vestido con vuelo y unos zapatos con lazos, pompones o mucho charol. Pero el resultado fue un traje normalito y unas manoletinas de cordón blanco. Ahora te lo agradezco, mamá.

En mi adolescencia, que vivíamos en Coruña, se instauró el boom de las cadenas de ropa, ya me entendéis. Mi madre apartó la máquina de coser y solo la utilizaba para confeccionar algún que otro disfraz. Eso sí, sin mucho escote. Es que no sé hacer escotes, me decía. Nidos de abeja sí, pero un escote para un disfraz de vampiro no.

En 2016 nació mi pequeña Marta y su abuela en la semana 10 de mi embarazo ya se había comprado una máquina de coser nueva, telas de piqué, vichy y flores y dos revistas de patrones. Bien abuela, bien. Y en la familia volvimos a tener una niña de leotardos, capota y vestidito, con nido de abeja y cubre pañal a juego.

Qué si, qué si, que esto va de como nación Pepita Limón, ya llegamos prometido. Cuando nació Pablo y las semanas de baja maternal me cundían demasiado empecé a darle vueltas a la cabeza y le propuse a mi madre que, ya que había retomado la costura porque no hacíamos algo juntas. Vueltas y más vueltas, demasiadas vueltas. Pero como todo en esta familia, somos de decisiones rápidas, y en 5 meses ya teníamos claro lo que queríamos hacer.

Con la ayuda de mi marido y mis cuñados, perfilamos la idea, le dimos nombre y así, sin más, llegó a nuestras vidas Pepita Limón.

El resto ya lo conocéis, como hemos ido evolucionando y de unos modelos de braguitas y bombachos, hemos pasado a colecciones más completas, intentando estar al día de las nuevas tendencias y lo más importante, creando una comunidad de personas maravillosas. Siempre con nuestra filosofía artesanal, con ropita hecha a mano entre Valencia y Galicia poniendo en cada prenda todo nuestro cariño.

Cómo es ahora Pepita Limón os lo cuento mejor otro día, estamos a puntito de sacar una colección que será nuestra más bonita y los nervios nos siguen invadiendo como ese 11 de diciembre de 2018.

Lo que sí que os puedo decir, es que es un sueño cumplido o cuanto menos, en el camino de hacerse realidad.